En fin, la hipocresía.
Hoy me explicaron que jugué mal el juego del amor. Me dijeron que no era exclusivo, que podía gustarme alguien más, que no había límites. Pero en lugar de sentir alivio, me sentí herida. No sé qué dolió más: si escuchar que mi forma de amar era una fantasía o darme cuenta de quién lo decía.
Mi exesposo. El mismo que me hizo la vida imposible durante más de 20 años con celos, reproches y control. El mismo que, mientras me vigilaba y me culpaba, llevaba una doble vida. Veinte años de engaño con una maestra de preescolar, casada... y quién sabe con cuántas más.
Hoy entiendo que no fui yo quien jugó mal. Jugué con reglas limpias en un tablero donde él siempre hizo trampa. Pero ya no importa, porque esta partida terminó. Y aunque me duela, también sé que el amor, el verdadero, no es un juego.
Marzo/2024
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