Mariposas

Mateo lleva días sintiendo mucho dolor en el cuerpo, exactamente en su estómago, al principio pensó que era a causa del excesivo ejercicio que lleva días haciendo, después que quizá se debiera a algo que comió, no suele automedicarse por lo que recurrió a tomar infusiones, evitar las harinas y dejar de hacer ejercicio. Pese a sus esfuerzos el dolor persistía, así que hizo algo que odia más que hablar con las personas y es ir al médico. La semana se le fue en estudios, citas y más dolor... El doctor seriamente le dijo que no tenía nada, que era la persona más sana que había atendido en días y Mateo salió seguro de que le habían visto la cara, no se le puede decir eso a un hombre que siente que muere cada día. 
Hoy amaneció nublado, con tiempo frío y una sensación térmica de que vives en Alaska, pero Mateo no le puso tanta atención ya que el dolor le despertó de súbito, corrió al baño para terminar vomitando en el retrete, vómito 21 mariposas amarillas, muertas todas ellas, le pareció alucinante lo que veía mientras se preguntaba cómo eso llegó a su estómago, en qué momento se trago eso sin darse cuenta, lo que de momento ya no importaba, ya que por primera vez en semanas se sentía bien, se sentía con ganas de todo. Cómo llegaron, no lo sabía, pero seguro,  sospechó de momento, fue por culpa de la Chincha esa, la guapilla que le mira salir del ascensor todos los días, si, esa que se sonroja y a él le molesta, pero ¿cómo le hizo para  sembrar dentro de él esas mariposas? Como sea no importa, ya se deshizo de ellas y tirando de la cadena vió cómo desaparecía por el retrete: su mirada, su sonrisa, su rostro sonrojado, su melodía, su nota, su voz, su silueta, su melena rubia, su libro, su móvil, sus uñas cortas, su lunar, su pies, sus pecas, sus lentes de sol, sus trajes sastres, sus lentes de ver, sus ojos de llorar, sus ojos de reír, su tiempo, su amor.

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