Enero de 1994
La primera vez que inventé una historia, en ella me enamoré de una mujer preciosa, de una mujer-mujer. Tenía la mirada profunda y una extraña manera de amar, era como las aves que vienen y van y en una de esas te preguntas ¿acaso volverá? Su risa, cómo olvidar su risa, inundaba mi casa desde la entrada hasta el último pedazo de patio, aún la recuerdo meciéndose en la hamaca y llamándome por mi nombre. Nunca me dio un hijo y aunque nunca hablaba sobre eso, yo se que quería uno. Nunca le pedí que se casara conmigo y no sabes cuánto me arrepiento pero cuando se tiene la edad que yo tenía, inventar una historia era sólo un juego.