Dan
Una madrugada y después de cumplirle a la noche mi promesa de dormir salí a caminar, cosa que por aquellos tiempos era una de mis actividades favoritas. Recuerdo que había más de dos caminos pero como siempre los senderos han sido claros retos para mi, no dudé cual camino tomar. Conforme avanzaba me vi rodeada de margaritas, si, de esas pequeñas florecitas que parecen bailar con el viento, me sentí feliz, solo era yo y ellas, y como hago siempre que estoy sola canté con los ojos cerrados. El sol ya se vislumbraba a lo lejos, lo que significaba que el tiempo apremiaba y que me esperaban las labores de todos los días, en eso estaba cuando una margarita llamó mi atención, era grande, más grande que las demás y fue así que note de uno de sus petalos, una pequeña gota de rocío, la cual por cierto destellaba al roce del sol, mis ojos parecían jugarme una broma cuando la pequeña gota abrió sus ojos y me sonrió, al extender mi mano se posó en ella y supe que ya no pertenecería más al campo de margaritas si no que deseaba quedarse a mi lado, la llevé a mi casa, la nombré Sophia y ella, me llamó mamá.
Dedicado con amor a Sophi...te lo conté una noche de 2007 que no podías dormir (habías tenido 38 de temperatura y dolor en los oídos)

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