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sueño y cronopio

Hoy leí sobre los Cronopios. Al hacerlo, sentí que muchos quisiéramos encajar en esa descripción: ser ese ser lleno de amor, ingenuo y feliz, entregar el corazón sin reservas. Pero mis pensamientos se mezclan con los sueños de anoche, y en esa maraña de imágenes y recuerdos, la realidad se impone con crudeza: no tengo a quién amar, no tengo con quién compartir la risa, la mesa y el amor. No hay una persona que reúna las tres cosas. Me siento sola. Cada día, más sola. Tuve un sueño. Hay quienes dicen que Dios —o como quieran llamarlo— les habla en sueños, les susurra verdades que nadie más se atrevería a decirles. Verdades que ni siquiera ellos mismos se confiesan frente al espejo. En mi sueño, cuatro hombres grandes, morenos y sin cejas estaban sentados frente a mí. Me miraban con una certeza inquietante y me decían: "Mientras tú perdiste todo —lo único que realmente te importaba—, él lo conserva todo. Su casa, sus cosas, su maldito estatus de pertenecer. Ese hombre casado, que es...

En fin, la hipocresía.

Hoy me explicaron que jugué mal el juego del amor. Me dijeron que no era exclusivo, que podía gustarme alguien más, que no había límites. Pero en lugar de sentir alivio, me sentí herida. No sé qué dolió más: si escuchar que mi forma de amar era una fantasía o darme cuenta de quién lo decía. Mi exesposo. El mismo que me hizo la vida imposible durante más de 20 años con celos, reproches y control. El mismo que, mientras me vigilaba y me culpaba, llevaba una doble vida. Veinte años de engaño con una maestra de preescolar, casada... y quién sabe con cuántas más. Hoy entiendo que no fui yo quien jugó mal. Jugué con reglas limpias en un tablero donde él siempre hizo trampa. Pero ya no importa, porque esta partida terminó. Y aunque me duela, también sé que el amor, el verdadero, no es un juego.                        Marzo/2024

Hoy todavía lloro por ella

A veces se me olvida que olvidaste quién era yo. Y por un minuto me invento historias, historias que amortiguan la caída y el dolor, que detienen los latidos de este corazón cansado. Cansado de latir, de insistir, de repetirme que ya pare, por favor. Pero yo le digo que no sea cobarde, que siga, porque ¿qué más da? Al final, lo único que tenemos es este día, y mañana… ya Dios dirá. Y sí, a veces lloro por ella. Otras, por mí. Pero hay algo que no olvido: cómo tiraste mi amor a la basura, cómo convertiste nuestra historia en cenizas. Aun así, te perdono. Porque de niño me enseñaron que el perdón era el boleto al cielo. Y te digo una cosa, al cielo quiero llegar Porque si algo sé, es que en mi cielo no te voy a encontrar.

noche de perros

Hoy los perros atacaron otra vez, sin compasión, mordiendo aquí y allá, mordiendo sin hambre, desgarrando como si fuera lo único que saben hacer, acorralando a su presa en manada. Tuve miedo e impotencia, tuve ganas de proteger lo que amo, deseando tener entre mis manos aquello y guardarlo para que los perros que atacan de noche no lo puedan ver, oler, desear... destruir, no porque necesiten hacerlo, si no porque les place dejar una cicatriz dolorosa en la vida de los demás.

diario de una despistada (Malavida)

¿Qué somos?...incógnita eterna. Difícil responder cuando la respuesta es personal, más bien diría ¿quien soy? Lo cierto es que hoy soy negro ayer fui blanco por lo tanto es ambigua la respuesta. Ayer tuve 20 y me comía el mundo, hoy con 51 siento que el mundo es tan ajeno a mi, voy mudando de piel como los reptiles, no me duele ver cómo los restos de lo que fui se van quedando atrás, ya no tengo 20, dejé de ser blanco hace poco tiempo. -¿Quien soy? Soy la respuesta a las dudas, al valor, incluso al dolor que tuve hace años.

Enero de 1994

La primera vez que inventé una historia, en ella me enamoré de una mujer preciosa, de una mujer-mujer. Tenía la mirada profunda y una extraña manera de amar, era como las aves que vienen y van y en una de esas te preguntas ¿acaso volverá? Su risa, cómo olvidar su risa, inundaba mi casa desde la entrada hasta el último pedazo de patio, aún la recuerdo meciéndose en la hamaca y llamándome por mi nombre. Nunca me dio un hijo y aunque nunca hablaba sobre eso, yo se que quería uno. Nunca le pedí que se casara conmigo y no sabes cuánto me arrepiento pero cuando se tiene la edad que yo tenía, inventar una historia era sólo un juego.

Anhelo (22/08/2019)

Me da miedo el tiempo, no quiero que siga, quiero detenerlo y si fuera posible, dar marcha atrás.  Alguna vez me preguntaron si cambiaría algo de mi vida, dije que no, porque a pesar de todo,  de lo bueno y de lo malo, las cosas iban bien, siempre supe ver el lado bueno de todo. Pero ahora, ya con mis años,  mi tiempo,  el tiempo,  creo que no,  el tiempo me está doliendo. A Dios le pido sólo una cosa, que deje ir esto en cámara lenta. Y si me concediera un deseo más sería volver a ser niña y disfrutar de ti como lo hice siempre: amarte, escucharte, reír contigo, que en las noches me contaras tus historias de niño y los domingos escucharamos vinilos en la consola, recuerdo que siempre te hacía repetir Cielo rojo y el jinete de José Afredo Jiménez, o que grabaramos en casette pedazos de las escenas de las películas que nos gustaban y las escuchábamos como si fueran una radionovela justo antes de dormir; que me regalaras dulces, y sueños. A Dios le doy gracia...